Maternidad y salud mental: Por qué tu cansancio no está solo en tu cabeza

En el tiempo que no he venido por acá, he estado leyendo, pensando, y vienen a mí cosas personales; por ejemplo el recuerdo de haberme sentido casi crónicamente agotada durante mis pospartos (sobre todo el que viví en pandemia, siendo una mujer de alto riesgo para el COVID-19 y teniendo una hija de dos años).

Con esto se me viene también pensar en mi trabajo y en los mensajes que nos llegan en el día a día a las mujeres madres. Traigo algo específico: la importancia de buscar “tiempo para nosotras”. Entiendo que esta frase puede ser, además de un cliché, una que nos desconecta y nos genera culpa al pensar que, si solo necesito relajarme para estar mejor, ¿por qué no logro hacerlo o qué hay de malo en mí?

Muchas veces no hay nada “malo” en nosotras. Lo que pasa es que nadie nos dice que no podemos criar en el vacío (ya les explicaré de esto), pero hoy quiero traer cómo la psicología nos explica que nuestra salud mental es, en gran medida, un reflejo del contexto en el que vivimos.

¿Qué es esto de no criar en el vacío?

Durante mi formación como psicóloga y en investigación, heredé de mi orientadora una visión que cambió para siempre mi forma de entender el desarrollo, la felicidad, el sufrimiento y cómo veo realmente el comportamiento humano: el modelo bioecológico de Urie Bronfenbrenner.

Esta teoría nos enseña que el desarrollo de una persona ocurre dentro de sistemas contenidos uno dentro del otro, como si fueran matrioskas (las muñecas rusas), o también me gusta usar el ejemplo de las capas de una cebolla. No podemos tener en cuenta solo la parte biológica y genética del individuo, es necesario reconocer la interacción entre lo biológico y el ambiente.

Es decir, nuestro bienestar es multifactorial. No podemos verte solo a ti como persona aislada, es necesario ver esos sistemas en los que estás contenida (eres el centro de la cebolla cercada por otras capas, o la muñeca rusa más pequeña que estará resguardada dentro de las otras más grandes).

Te traigo algunos ejemplos de estos sistemas que también influyen y que tenemos muy en cuenta en la atención perinatal:

-La dinámica en tu casa, el apoyo de tu pareja o red cercana, tus horas de sueño, etc.

-Tu barrio, tu comunidad, el acceso a servicios de salud de calidad, las políticas de maternidad, tu trabajo, el de tu pareja, etc.

-La cultura que te rodea, las expectativas sociales, el peso del instinto materno y la presión por ser la “Súper Mamá”: la que todo lo puede, la que piensa solo en los otros y no en ella y que, además, no se puede quejar.

Cuando entendemos esto y todo lo que está en juego, el cansancio durante el posparto deja de verse como una falla tuya o de tu forma de ser, y comienza a entenderse como el resultado esperado de un contexto que nos exige demasiado y nos sostiene muy poco.

Ahora, volviendo al tema del autocuidado. En mis sesiones siempre les digo que esto no es positivismo ni hablarse lindo frente al espejo. Hemos asumido que el autocuidado es posible para todas las mujeres por igual, y esto no es así. Hay sistemas estructurales que nos oprimen y privilegian a algunas según su género, su nivel socioeconómico, la raza o su ubicación geográfica, entre otras cosas. Es por esto que es indispensable ver cada historia, cada mujer y cada maternidad: todas somos diferentes.

Y no puedo decirle a una mujer madre que busque una hora para terapia, otra para movimiento y otra para sus hobbies, pues no todas cuentan con tranquilidad financiera, ayuda en casa o un trabajo formal por el que reciben una licencia de maternidad remunerada. No podemos hablar ni cuidar de la salud mental materna sin conocer las realidades que determinan las oportunidades de cada mujer.

Lo que hacemos en el consultorio es solo una parte. En realidad, para tener calidad y mejorar la salud materna, se necesitan intervenciones a nivel macro que estén adaptadas a las necesidades locales y que consideren los factores sociopolíticos, culturales y ambientales.

En este tiempo he leído de todo incluso varias entregas de la revista The Lancet, y a pesar de que no hay algo específico en salud mental perinatal, me ha servido para adaptar un poco el análisis de las barreras estructurales que impiden que las mujeres recibamos un mejor cuidado. Empiezo por un tema que me mueve y me interesa mucho: el bienestar y los derechos sexuales y reproductivos, los cuales están atravesados por la desigualdad de género.

Les hablaba más arriba de ubicación geográfica, pues en Colombia vivir en zonas rurales, remotas, olvidadas por el Estado, con conflicto armado y otras crisis, impide el acceso a los servicios básicos de salud. Lo financiero, si bien nos han dicho que “el dinero no lo es todo”, sí es una variable innegable que trae tranquilidad y mejores servicios. Son muchísimas las mujeres que tienen trabajos informales en nuestro país, y tener bajos ingresos limita de manera abismal el acceso a la salud (ni hablar de la salud mental).

Y si voy a los datos, algo que nos falta bastante en nuestra área. Tenemos algunas estadísticas, pero realmente nos falta contar con mejores registros… por eso, cuando hablamos de porcentajes, sabemos que son muchas las mujeres invisibilizadas que no han llegado a hacer parte de esa estadística (entonces los números pueden ser mayores y/o peores).

Todo esto se resume a que, más allá del esfuerzo de cada una de nosotras, tenemos un sistema que nos falla y mucho. No solo falla en identificar, medir y prevenir, sino en tratarnos y observarnos de manera integral en el momento más vulnerable y crítico de nuestra vida, como lo es la etapa perinatal.

Quiero pensar que esta cuenta, y lo que hago, es un sistema o ambiente que permite el desarrollo, con interacciones cara a cara que son el motor del mismo. Un espacio donde intento no solo validar tu sufrimiento o tus dificultades, sino también entender que tu contexto importa, y mucho.

Siempre he tenido en cuenta que el objetivo no es solo tratar el síntoma aislado o verte de forma fragmentada. Lo que busco es integrar esta mirada bioecológica e interseccional para entender en lo posible una realidad completa, considerando cuáles son las barreras estructurales a las que te enfrentas, para así poder construir un plan de salud mental realista, compasivo y libre de culpas o juicios.

El sentirnos desbordadas no es nuestra culpa; en realidad, estamos navegando a través de sistemas complejos que no son muy amigables con la maternidad.

Sé que me extendí, pero este es el espacio en donde puedo hacerlo. Además, creo que es importante encontrar con quién sentirse identificada, y puede que este artículo te sirva a ti o lo quieras compartir con alguien que necesita saber que debemos gritarle al mundo que las madres debemos ser cuidadas.