Una parte vital que se trabaja desde la psicología perinatal es entender el miedo al parto. De quienes referimos tener miedo al parto, hay miles de niveles como personas porque el nivel como sentimos emociones es subjetivo.
Pero podría nombrar algunos, como la persona que siente pavor, de llanto solo al imaginarlo o más bien no se permite ni imaginarlo del malestar que le produce, la que siente “fobia” y quiere evitarlo a toda costa, incluso deseando que pudiera ser con anestesia general.
Hay quienes lo sentimos presente, pero es en el último trimestre donde lo manifestamos con mayor intensidad, y a cada persona que le preguntes te contará su nivel de miedo al dolor o sufrimiento con el que normalmente relacionamos el parto.
¿Qué tenemos en común las que estamos en un primer embarazo? Que es esperable sentir el miedo a lo desconocido, y cuando llegamos a la maternidad hay muchas cosas desconocidas que vendrán en cada etapa del desarrollo, incluso hasta cuando nuestras/os hijas/os sean adultos/as.
Pero así no hayamos tenido nunca un parto, informarnos sobre este, conocerlo, hace que no lleguemos en cero a un proceso que, en el sistema en el que vivimos actualmente, puede ser demasiado desafiante. La información por lo general ayuda a disminuir en algo la respuesta emocional al miedo, nos ayuda a tener escenarios más claros, podremos asustarnos menos y es importante informarse en varias cosas.
El plan de parto puede ser un gran documento para educarse en el proceso, además de varios beneficios más.
¿Pero por qué le tememos tantísimo a un evento que es tan fisiológico como ir al baño?
Podría hacer una lista más completa y larga a la que les dejo aquí, pero creo que con solo esto podemos darnos cuenta de que gran parte del miedo al parto viene por una construcción social o mensaje creado desde la cultura, el contexto, y que según el momento histórico va cambiando la mirada frente al nacimiento fisiológico.
- No lo hemos vivido y no sucede con la misma frecuencia que otra función fisiológica.
- Crecimos con imágenes en los medios, historias que nos lo asocian a tortura, a lo peor de la vida.
- En lo cotidiano tenemos frases cuando algo fue difícil: “Uy eso fue un parto”, que desde pequeñas nos dice que el momento del nacimiento es todo lo que está mal.
- Nos han contado historias terribles de partos, pero cuando analizamos muchas de estas tienen que ver con violencia obstétrica, así no la identifiquemos, ni sepamos que está muy relacionada con tener atención inadecuada por parte de los profesionales.
- Nos han mostrado que el parto es lo más inseguro (contrario a la realidad), peligroso y por eso deseamos evitarlo, porque nos llena de miedos como a la muerte, a no tener el control. Este miedo se hace presente sobre todo, cuando no sabemos pros y contras de cada manera de nacer.
- Nos han enseñado que debemos evitar pasar por emociones que calificamos como “negativas” y debemos huir a toda costa, así sean normales, esperables y necesarias como especie.
Finalmente, estudiar la historia del nacimiento y cómo se ha transformado durante los años, nos permite entender mucho el contexto actual y su influencia en las formas de nacer. Nos ayuda a observar lo que está en juego y a entender el por qué de nuestras estadísticas están alejadas de las recomendaciones de La Organización Mundial de la Salud (OMS), que indica que la tasa de cesáreas debería estar entre el 10% y 15% de los partos.