Me da rabia que mi pareja siga su vida normal y yo no sé cuándo podré

Situación: Sale el sol, tu bebé lleva ya un tiempo despierto, tú te sientes más cansada que cuando te “acostaste” y alguien desde la puerta se despide: “Chao, que tengan un buen día, nos vemos más tarde”. Sonido de puerta que se cierra.

Pensamientos:
Esa monotonía diaria, sobre todo esa que vives desde día en el que te has quedado sola en casa con un/a bebé al terminar el permiso de paternidad/maternidad de tu compañera/o, donde sin duda aún necesitabas cuidados para poder cuidar a ese peque que es de los/las dos.

Ves la hora y piensas en cuantas horas faltan para volver a estar acompañada. También piensas en la repetición entre cuidados, dar de comer, buscar de comer para ti, cambiar pañales, bañar, siestas, la noche larga y un nuevo día donde todo vuelve a empezar. Esto hace la vida difícil y nos decimos “yo no sabía que esto era así”, pero también pensamos “el/ella sale como si nada, la pasa muy bien porque apenas sale se le olvida lo que es estar en casa, allá piensa en otras cosas y tampoco se da cuenta de todo lo que hago”.

Sientes:
Rabia, envidia, frustración, soledad… ¿Algo más?

En realidad, llega un momento después del nacimiento en que todos vuelven a su rutina y nosotras vivimos en un mundo paralelo, donde nos da igual si es festivo o un día entre semana, pues el trabajo de cuidar no acaba para nosotras como mujeres. Obviamente hay familias diferentes y esto no aplica para todas, pero si estamos en el mismo contexto bajo las mismas leyes y mandatos de género, seguramente compartiremos experiencias parecidas.


Independientemente que haya o no conflictos, situaciones o dificultades en la pareja, la experiencia de estar en un posparto solas o sin suficiente ayuda como deberíamos tener, nos genera un montón de emociones y malestar. ¿Cómo no? Si nos sentimos, muy solas, confundidas al no entender por qué es tan difícil la crianza cuando nos habían normalizado que era un proceso instintivo, natural y culturalmente que somos las mamás las que sabemos que hacer.


Pero en realidad sentimos hasta parálisis en muchas situaciones, porque así como las parejas no saben nada, nosotras también estamos aprendiendo. Y quedarnos calladas, no lograr hablar de lo que sentimos, nos deja en un hueco mucho más profundo.